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Iaboni, la ecuatoriana que lucha por reescribir sus historias en español



A Delia Iaboni el argumento de sus libros se le aparece en la mente como películas. En su imaginación nacen personajes, a los que les pasan cosas hasta completar una historia.

Cuando está lista la trama, se pone a escribir. Lo hace como una artesana de la palabra, que forja cada oración para transmitir las emociones y las acciones que se desarrollaron en la cabeza.

Una de las tareas más difíciles fue hacer pública su obra. Como buena tímida que es, escogió a su marido para enseñarle su creación, en la intimidad de su hogar.

Fue un momento liberador en su vida entregar su texto al primer lector. Él pronunció una idea que ella tenía en la cabeza, hay que publicar el texto

“La vida es una y yo decidí no quedarme con las ganas”, dice. Antes había sido una traductora profesional en francés y en inglés que ejercía además como ama de casa.

Cuando decidió incursionar en el mundo de la literatura le comenzaron a pasar una serie de cosas, como a sus personajes, con la diferencia de que ahora ella escribe su propia historia. Ese fue su punto de inicio, el arranque de una carrera que durará mientras los libros se le presenten como películas y le den vueltas en la cabeza.

Ha escrito básicamente para niños y también tiene una novela romántica para adultos. Su obra está íntimamente ligada a su vida. Los cuentos infantiles recuerdan los momentos vividos con su hijo o con su mascota. La novela revela la mujer romántica y detallista que es en la vida real.

Reescribir, no traducir

Delia nació en Guayaquil y defiende al castellano como su lengua materna. Esta defensa la hace a pesar que desde muy chica fue a Canadá y la mayor parte de su vida la ha hecho en un país en el que se habla inglés y francés.

Cuando ya se estaba haciendo un nombre en los círculos literarios de habla inglesa, decidió que era hora de tomarse un tiempo para escribir en su idioma. Releyó sus textos, volvió a recordar las ideas que la motivaron para escribirlos y se sentó de nuevo frente a una hoja totalmente en blanco.

Comenta que en su primer texto debieron corregir la ortografía. Prometió mejorar, ella habla, piensa y escribe en inglés todos los días desde hace 40 años.

Reescribirlos, no traducirlos, porque el castellano es muy lindo y tiene una infinidad de opciones para describir momentos, emociones y sensaciones”, reitera. Lo hace como un acto de honestidad para ella y sus lectores.

A pesar de que la tecnología ofrece posibilidades de traducción gratuita, Delia prefiere sentarse a rearmar sus escritos palabra por palabra, párrafo por párrafo. La misión de artesana de la palabra es parte de su gozo personal.

Vivir de los aplausos

“No se puede vivir de la escritura, al menos yo no”, confiesa Delia. Pero no le importa, ya que a ella la motiva el amor por contar sus historias y no el dinero.

Por eso es que mantiene su trabajo en el que traduce textos legales, médicos científicos entre el inglés y el francés. En sus ratos libres escribe en un papel las ideas que le revolotean en la mente.

Lo que le llena de vida es el reconocimiento que tiene de sus lectores. Ahora que sus libros son más conocidos y que se lanzó a navegar en aguas de la lengua castellana, tiene que hacer giras de medios, presentaciones y más contacto con los lectores.

“Es muy emocionante cuando viene un padre y me dice que a su hijo le gustó mi libro, o cuando un niño viene y me lo cuenta”, relata. Esas cosas le llenan el corazón y reaniman sus ganas de desarrollar su faceta de escritora.

Eso sí, su nuevo rol  de persona pública le tiene incómoda. Es de las personas tímidas que no le gusta ser el foco de atención, pero ahora debe asumir ese rol para promover su obra.

Tiene la intención de que sus libros se lean en Ecuador. Su sueño es que los niños se emocionen, piensen y se imaginen como protagonistas de las historias que ella escribió, como le pasaba cuando era niña y abría un libro.




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